Artículo sobre Aníbal en EL DIARIO

·        Con ocho libros de fotografías y más de 500 artículos publicados, es referente de fotografía de fauna y paisajes.

·        Su trabajo intenta generar conciencia sobre la conservación de la naturaleza y sus recursos naturales.

·        Sus raíces familiares están en la ciudad de Paraná.

·        El jueves recibió el premio “Félix de Azara” para Sudamérica, por su contribución a la divulgación científica.

 

Muchos investigadores no consiguen explicarles a los chicos, las abuelas y la gente común lo que están haciendo”, dijo a EL DIARIO.

Por Carlos Marín 

Desde muy niño, el paranaense Aníbal Fernando Parera conjuga su pasión por la naturaleza, con las ciencias biológicas y el registro documental de la fauna y el paisaje.

Como aquellos exploradores de otro tiempo, deslumbrados ante las maravillas vivientes y geológicas que el planeta les presentaba. En el caso de este biólogo, todo se remonta al niño que pasó su infancia en distintos puntos de la República Argentina -con traslados cada dos años-, su familia vivió en Río Gallegos, Santiago del Estero, Buenos Aires o Corrientes, alternativamente.

Por eso, al mencionar el comienzo del camino que hoy lo ha llevado a ser reconocido como referente en el país y el extranjero, el recuerdo vuela hasta su niñez:

“Es una cuestión adquirida en la infancia vinculada a los viajes por el país, posibles gracias a la profesión de mi padre, que era militar. Él era un explorador nato, que abrazó la carrera castrense; pero siempre mantuvo una vocación naturalista. Papá perteneció al Escuadrón de Monte; amaba la supervivencia en el medio agreste, así que me llevó por ese camino y creo que eso despertó mi curiosidad por la naturaleza”.

Insectos, plantas, la diversidad de la vida salvaje convocaban a la observación de aquel “gurí” cuya inclinación se consolidó con “Un par de enciclopedias que, seguramente a propósito, mis padres me acercaron”. Una colección del francés Jacques Cousteau y otra del español Félix Rodríguez de la Fuente, fueron la puerta de ingreso “al mundo de las publicaciones de ciencia ilustrada que tanto me apasionaron”.

Tenía 10 años de edad cuando esos textos lo llevaron a ser un “naturalista menudo”, con largavistas de juguete y libreta de campo en la que apenas sabiendo escribir volcó apuntes y dibujos de lo que veía en la plaza cercana o en el Parque Urquiza.

Luego llegarían los primeros textos que publicó en distintos medios, entre ellos EL DIARIO. Tendría 15 o 16 años y ya publicaba artículos con dibujos realizados a mano alzada: “El último tigre de Entre Ríos”, los “halcones peregrinos en la ciudad de Paraná” y otros asuntos por el estilo.

Ya estaba firme en el futuro biólogo esa vocación por la divulgación científica, tarea que este último jueves fue reconocida con la entrega del “Premio Félix de Azara” para Sudamérica, otorgado por la Fundación de Historia Natural Félix de Azara, en una ceremonia que tuvo lugar en la Universidad Maimónides de Buenos Aires.

El galardón le fue concedido por sus aportes a través de 500 artículos en revistas, una veintena de libros de su autoría y documentales de naturaleza.

Parera reside actualmente en la ciudad de Mercedes, en la vecina provincia de Corrientes, junto a su esposa Aline y los dos hijos del matrimonio.

Había llegado a esa provincia convocado por la Fundación Reserva del Iberá para el desarrollo de la hoy mundialmente famosa Reserva Natural del Iberá, pero 20 años atrás y contribuyó a su posicionamiento.

Por entonces, ya contaba con una trayectoria en la Fundación Vida Silvestre Argentina y en Parques Nacionales.

En Corrientes, no solo contribuyó a desarrollar el Plan de Manejo de la Reserva Natural del Iberá, sino que terminó liderando un movimiento internacional que consiguió reunir a conservacionistas y productores rurales conocido como “Alianza del Pastizal”, para la muy prestigiosa federación inglesa “BirdLife International”, fundando más tarde las bases para una plataforma política de incentivos a la conservación de pastizales naturales con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Fotos, ciencia y vida cotidiana:

“La fotografía ingresó en mi vida con 13 años” –recuerda Parera en conversación con EL DIARIO– “Fue en la Patagonia, en el Fotoclub de Comodoro Rivadavia, donde realicé un curso con una cámara prestada por alguno de sus compañeros, todos muy mayores, con los que compartió su flamante afición en mesas de revelado y caminatas por la costa del mar, cámara en mano”.

Sus estudios de Biología en la Universidad de Buenos Aires (UBA) –una carrera tan ardua y rigurosa como formativa, confirma–, le permitió sumar muchas herramientas, como le gusta decir.


Dentro de ese campo tan vasto, tuvo que escoger: “Me incliné sin esfuerzo por la Ecología y abracé la disciplina de la conservación de la naturaleza”. La Fundación Vida Silvestre Argentina fue su “segunda casa”, que cohabitó con personalidades como Francisco Erize y Juan Carlos Chebez, con los que más adelante compartiría amistad, trabajo y publicaciones en conjunto. “Ellos eran maestros y yo aprendí a su lado”, reconoce.

A fines de los años 80 y comienzos de la década siguiente, la idea de la “sustentabilidad”, recién arrancaba. “Terminé siendo un cultor de aquello y sigo tan convencido como entonces: el desarrollo sostenible es la salvación de la humanidad y la vida sobre la tierra”.

“A la naturaleza hay que conservarla –sostiene Parera con miraba de biólogo–, pero eso no quiere decir que no podamos utilizar sus recursos de manera cuidadosa, apoyados en el conocimiento científico y la cultura ancestral”.

“Existe una asociación positiva entre el buen uso de los recursos naturales y su conservación, porque el uso invita a la valoración y ésta conduce a la conservación, creando un círculo virtuoso”.

Consultado acerca de su interés por divulgar el conocimiento científico, consigue explicarlo desde la actitud de muchos de sus pares:

“Mis colegas científicos están tan empeñados en avanzar en sus investigaciones, que resulta casi imposible que puedan, siquiera considerar, dedicarse a explicarle a los chicos, a las abuelas, a la gente común, lo que están haciendo… Pero te aclaro que ¡Los entiendo..!  

Parera reconoce que la ciencia está un poco disociada de la vida cotidiana:
“Yo estuve 10 años en la Fundación Vida Silvestre y puedo decir que en buena medida me aboqué a comunicar. Cuando me tocó gestionar la conservación desde otras organizaciones como Aves Argentinas o Parques Nacionales, llevé mi vocación y las herramientas logradas.

En el año 2021 Parera fue reconocido por sus colegas biólogos de la Universidad Nacional de La Plata a través del Museo de La Plata, con el máximo galardón a la divulgación de las ciencias naturales: el Premio Fernando Lahille, impuesto en la memoria del científico francés que fue pionero en la Argentina, convocado por el famoso Francisco Pascasio Moreno.

“Con el Premio Lahille miré para atrás y me di cuenta, que tenía un camino hecho”, acepta.

 

MOSTRAR EL PAÍS

Luego de una década alejado de la fotografía, etapa en la que se dedicó a gestionar proyectos de conservación de la naturaleza, crear equipos y desarrollar diversas iniciativas, el biólogo entrerriano logró reencontrarse con la cámara fotográfica “que había dejado colgada” y también “bajar un cambio” luego de tantas gestiones complejas.

Llegó el turno de dedicarse a la publicación de su obra editorial.

“Quise hacer libros perdurables y convocantes a la vez”, acota. Aprendí sobre su construcción gracias a la escritora y periodista de la televisión que todos conocemos como Canela. Gigliola Zecchin, como se llama en verdad la periodista ítalo-argentina, había convocado al biólogo para producir un libro sobre el país para una conocida empresa de laboratorios biomédicos.

Finalmente, y a lo largo de años de fructífera amistad hicimos tres, con distintas miradas. El primero fue casi exclusivamente fotográfico y lo titulamos “Argentina para mirar y sentir”. Incluyó imágenes de todas las provincias que yo tenía en mis archivos y que completé con dos viajes a Formosa y Catamarca. Aquel primer volumen fue mi experiencia inicial en la industria de grandes libros. Visitaba la imprenta para ver cómo interactúan los equipos de diseño gráfico, fotocromía, encuadernación. Los otros dos libros que siguieron incorporaron más texto sobre diversos aspectos de cada provincia o del país como un todo. Fueron “Argentina: una intensa travesía” y “Hacia una Argentina sustentable”.

“Con esa experiencia” –explica Parera– “me animé a encarar el primer libro cuya producción integral fue enteramente personal: toda una bisagra en mi carrera”.

Estancias de Corrientes” fue un libro desafiante: “Por un lado, me propuse emplear imágenes novedosas, que preferí salir a tomar al campo, en lugar de acudir a los archivos. Para esa altura de mi vida, los últimos se reunían en un mueble entero de carpetas de diapositivas –unas ochenta mil– y algunos discos de fotografía digital.”

“En el año que duró la confección de libro correntino dejé de lado mis zapatos de biólogo, para parecerme más a un agrónomo o un cronista de la épica rural. Me ayudaban la experiencia reciente en la Alianza del Pastizal y una flamante vida compartida con mi actual esposa Aline Kellermann: verdadera experta en vacas de origen brasileño. Con el tiempo, ella terminaría siendo mi mejor editora.”

El resultado fue una interesante amalgama: un libro de fotografías que reunía historia, aspectos sociales y geográficos.

“Lo disfrutamos tanto, que nos animamos a un segundo libro, pero dedicado a otra provincia”, explica Parera.

Con “Formosa y Salvaje”, nació la colección de “Provincias de la Argentina”, bajo el sello AP Ediciones Naturales. A Formosa le siguieron Neuquén, Catamarca y Misiones.

Con mirada esperanzadora, Parera enfatiza que “Nuestro país es único, singular y poderoso. Aunque tengamos que convivir con un montón de noticias que dicen lo contrario, porque las estadísticas económicas, la política de desencuentros y tantos otros indicadores, darían a entender que este país no sirve para nada”.

Sin embargo, desde el punto de vista geográfico y natural, después de haber recorrido otros continentes y muchos países haciendo fotografía, ofreciendo conferencias o realizando acuerdos de conservación, siempre concluyo en lo mismo: “¡Qué país tenemos los argentinos!

–  ¿Recordás una fotografía que te marcó?

“A comienzos de los noventa obtuve una de un lagarto atacando un nido, y en la captura se lo ve relamiéndose antes de comerse un gran huevo. Creo que es la foto que me sacó del anonimato, porque con ella decidieron publicar mi (corta) biografía en un poster especial de la revista Vida Silvestre.

–  ¿Tres paisajes inolvidables?

Creo que el escenario natural que más me impactó fue un atardecer sobrecogedor en la Puna de Antofagasta de la Sierra, en Catamarca. Iba solo en mi camioneta, el cielo se puso enteramente rojo, con formas voluptuosas, recuerdo que paré el motor en medio de una ruta en donde no existía nada ni nadie. Bajé del vehículo y lloré de la emoción. Nunca más me pasó algo así. 

También me deslumbró la selva misionera como se aprecia desde los miradores ubicados en Teyú Cuaré, junto al majestuoso río Paraná.

Y si tengo que elegir otro, me quedo con una vista desde los fiordos de la Isla de los Estados, en Tierra del Fuego, hacia las lagunas interiores de Hoppner.

“Creo que, si unís los tres puntos, el triángulo se parece a la Argentina y encierra, en esencia, lo mejor que podes encontrar en el mundo.”